Denzel Washington regresa en esta ocasión como director, y también protagonista, ya lo hizo en 2007 con “The Great Debaters” y un capítulo de la serie “Anatomía de Grey” (Grey’s Anatomy). Ahora nos cuenta una historia que él conoce bien, ya que está basada en la obra de teatro con el mismo nombre, ganadora de dos premios Tony y Premio Pulitzer al Mejor Drama, y que el actor representó en Broadway en 2010. El guionista al igual que la obra es August Wilson, dejó la adaptación escrita antes de su muerte en 2005.

La historia nos traslada al Pittsburgh de los años 50, un padre afroamericano Troy Maxson (Denzel Washington) lucha contra los prejuicios raciales mientras trata de sacar adelante a su familia en una serie de eventos fundamentales en su vida para él y para los suyos.

La esposa, Rose Maxson, interpretada por Viola Davis, también repite papel tras coincidir con el actor en la obra de teatro, demostrando una química entre ellos difícil de ver en otros largometrajes. El resto de la familia está compuesta por su hijo Cory (Jovan Adepo); un hijo mayor fruto de una anterior relación, Lyons Maxson (Russell Hornsby); un hermano, Gabriel Maxson (Mykelti Williamson) que sufre graves secuelas tras su participación en la Segunda Guerra Mundial; y no puede faltar el mejor amigo, Jim Bono (Stephen Henderson), ambos compañeros de trabajo desde hace años recogiendo basuras subidos en la parte trasera de un camión al que en un principio solo los “blancos” pueden conducir.

De izquierda a derecha: Stephen McKinley Henderson, Denzel Washington y Jovan Adepo

Con esta lista de integrantes, el drama está asegurado, y así es. Uno tiene que estar cómodo en su butaca y estar atento para no perderse ninguno de los diálogos del largometraje, ya que durante los 139 minutos es lo que abunda, una o dos canciones suenan como mucho, pero el resto son diálogos protagonizados en su gran mayoría por Denzel Washington, que difícilmente podría interpretar otro actor, y que parece haber respetado el texto, o al menos quiere que nos centremos en él, de ahí la simpleza de planos o que la acción transcurra en la casa del matrimonio, hogar que han adquirido con los 3.000 dólares de pensión del hermano de Troy Maxson. Su mujer en la gran pantalla tampoco se queda atrás, y como secundaria, llegado el momento “estalla”, dejando a su paso grandes frases y tocado (y casi hundido) a Troy Maxson, porque repito, nos encontramos ante un drama familiar de los grandes, y no hay que negarlo, de los buenos…

Durante el transcurso de los minutos, la trama va de menos a más, con una correcta presentación de todos los personajes, pero todo girando alrededor del protagonista, de su vida, de sus temores, de su lucha y referencias constantes a la muerte. No es lo único que se repite, también hay hueco para el béisbol, y que conozcamos la historia de Troy Maxson, que pudo haberse convertido en una estrella de este deporte, pero acabó recogiendo basura.

De izquierda a derecha: Russell Hornsby, Viola Davis, Denzel Washington y Stephen McKinley Henderson

En definitiva, un filme que demuestra la cruda realidad, la cara oculta que cualquiera puede esconder, y que no todo tiene que ser de color de rosas en una familia, en la relación entre padres e hijos. Teatro en estado puro, en una gran adaptación que provocará alguna que otra lagrimilla. Por cierto, cualquier fan de Denzel Washington disfrutará de la película en versión original, uno pierde la cuenta del número de veces que se usa el término “nigga”.

«Fences» se estrena el 24 de febrero de 2017.

Nota: 8