Tras triunfar en el mundo de los videojuegos, desde 1994, y de la mano de Blizzard Entertainment, ahora toca el turno de conquistar la gran pantalla. Que lo consiga o no, el tiempo lo dirá, y que el título nos haga referencia al origen, hará que los aficionados del videojuego conozcan un poco de este mundo de fantasía, donde coinciden momentáneamente humanos y orcos. La historia se centra en el juego de estrategia original, Warcraft: Orcs and Humans.

El pacífico reino de Azeroth, uno de los siete, está a punto de entrar en guerra para enfrentarse a unos terribles invasores, algo que no han visto nunca, unos orcos guerreros que galopan lobos feroces, que abandonan su destruido mundo en busca de un lugar mejor. Con la apertura de un portal dimensional, los dos mundos quedarán conectados, y deberán enfrentarse, cada uno con sus líderes, familias, etc.

En Azeroth contarán con su Rey, interpretado por Dominic Cooper y al Guardián, Medivh (Ben Foster). Aunque el protagonismo recae en Anduin Lothar (Travis Fimmel), comandante supremo de las fuerzas de la alianza, y hermano de la reina Ruth Negga. Estará acompañado por el joven aprendiz, Khadgar (Ben Schnetzer), ambos además intentan protagonizar sin éxito alguna que otra escena de humor.

Warcraft

En el bando de los orcos, se encuentra el líder del clan Frostwolf (Lobo Gélido) de la horda orca, futuro padre de Thrall y su mejor amigo, Orgrim Doomhammer (Orgrim Martillo Maldito), en el momento de la invasión de los orcos a Azeroth y el inicio de la primera guerra, la horda está liderada por el jefe de guerra Blackhand (Puño Negro).

Entre tanto orco, también aparece otro brujo, Gul’dan (Daniel Wu), e intentan corromper a los orcos con la finalidad de convertirlos en su ejército. Es aquí donde algunos se niegan, como Durotan, Doomhammer, y Garona (Paula Patton), que verán con buenos ojos una posible alianza con los humanos. En definitiva, lo que parece un guion complejo escrito por Charles Leavitt y el propio director, Duncan Jones (Código fuente) carece de sentido e incluso entretenimiento alguno. Sus 120 minutos, y eso que ha tenido un gran recorte, se hacen lentos en muchas ocasiones, con alguna que otra escena memorable, pero poco más. En ningún momento sientes afinidad con algún personaje, y la historia no se centra en presentar en condiciones a ninguno de ellos, y mucho menos contarte alguna de las cosas que van sucediendo, el motivo de cómo se ha llegado ahí, mención aparte merece el final abierto. Si se puede salvar algo de este mundo fantasioso son los efectos CGI, lo que provoca que no reconozcamos físicamente algunos actores, como Toby Kebbell (Durotan), al más puro estilo Avatar. Y hay una calidad excelente, sobre todo en los primeros planos, y caras, lo que más se aprecia y disfruta en el 3D. Quitando esto, el resto de efectos chirría, y queda poco creíble, borroso, como si estuviéramos jugando al videojuego en un ordenador, y en la configuración del mismo, redujéramos la calidad, para que el ordenador sea capaz de ejecutarlo.

Que sí, que es una historia que seguro la disfrutarán los fans, donde hay material para analizar, cosas que probablemente se han dejado por el camino y un largo etcétera, pero para el resto de personas, no hay casi nada, solo una historia que cae en el olvido rápidamente, creando el efecto de que si hubiera una hipotética segunda entrega, no ibas a verla, cuando tendría que ser lo contrario.

Nota: 4

«Warcraft. El origen» se estrena el 3 de junio de 2016.